Experiencia personal con psilocibina

Después de haber practicado la meditación y el yoga durante dos años y medio, empecé a leer e informarme sobre los psicodélicos, sus beneficios y la exploración de los «estados alterados de conciencia«. Decidí que estaba mentalmente preparado para ello, y tenia claro que quería descubrir las profundidades de mi subconsciente mediante una experiencia con psilocibina.

Después de adquirir 15 gramos de trufas frescas de la variedad Psilocybe Tampanensis, comencé con la preparación de mi viaje para el día siguiente.

psilocibina que se siente

Creé una lista de reproducción de más de 2 horas y media (no fue suficiente) con música relajante, handpan y chillhop. Por suerte, tenía un acompañante de viaje, alguien con quién confiaba plenamente y aceptó ser mi «tripsitter». Sin esta persona no habría sido posible, así que le doy las gracias desde aquí. Comí ligero la semana anterior (aunque ya de por sí, mi alimentación esta basada en vegetales, fruta y alimentos naturales).

La persona encargada de la tienda me recomendó que, al ser mi primer viaje psicodélico, consumiera 10 gr y me esperase una hora. Si lo creía oportuno, podía tomar los 5 gr restantes. Yo ya tenía en mente utilizar 10 gramos, así que todo parecía ir sobre ruedas.

El día de mi viaje me desperté un poco nervioso, pero con buenas vibraciones. Mi rutina habitual de meditación y yoga me ayudó a bajar las pulsaciones y concentrarme en mis intenciones para el viaje. Empecé a consumir los esclerocios (trufas) después de haber ayunado 16 horas (no es necesario tanto, ni de broma). Los efectos no aparecieron hasta al cabo de unos 50 minutos.

A partir de aquí, ten en cuenta que el lenguaje es muy escurridizo e impreciso para tratar experiencias que se escapan de los estados normales de conciencia. De todas formas, no te dejará indiferente.

Lo primero fuera de lo normal que noté, fue al mirar unas plantas interiores que estaban en el apartamento. Parecían bastante suaves y me daba la sensación de que se movían muy sutilmente. Entonces cerré los ojos. En la parte superior de mi cabeza observé una zona naranja que me parecía supercómoda. Le comenté a mi pareja que podía dejarme llevar completamente y tumbarme en este sitio naranja tan blando. Y así fue. Me tumbé en el sofa y la experiencia empezó a tomar rumbo.

Al cabo de 1 hora y 15 minutos mas o menos, me pregunté si debía continuar con los 5 gramos. Decidí que no. No estaba ni si quiera en el pico de la experiencia y la intensidad de los visuales y actividad mental ya eran muy altas. Me tumbé de nuevo y aquí es donde me fui completamente.

En primera instancia, cada emoción que circulaba por mi cuerpo estaba multiplicada miles de veces. Pasé por todas mis emociones, excepto el enfado. Me sentí muy triste durante unos 15 segundos, y luego me invadió la felicidad y la risa. Nunca en mi vida había sentido la necesidad de reírme tanto. Había algo que me hacia realmente tanta gracia que empecé incluso a preocuparme por si me lastimaría el abdominal riendo. Tenía muchas ganas de hablar y de contarle a mí acompañante todo lo que estaba viendo. Pero era inútil, no tenía palabras.

Durante la mayor parte de la experiencia, estaba con los ojos cerrados. No quería abrirlos, estaba en una dimensión desconocida y no me quería perder detalle. En el pico de la experiencia, todo se volvió mucho mas intenso. Estaba en un lugar lleno de luces, extremadamente verde y ultra suave. Aparecían caras y fractales moviéndose por todos lados. Algunas caras intentaban darme miedo, y en algún momento lo conseguían, pero duraba muy poco.

Lo más increíble es que no había nada vacío. Una secuencia de caras y formas daba lugar a la siguiente. Y la siguiente a la siguiente. Todo era el mismo objeto que cambiaba de color y forma. Solo había una «verdad»: unión. El hecho de que con tan poca cantidad de sustancia estaba en este mundo tan diferente me hacía también muchísima gracia.

Luego noté una fuerza. Todos estos fractales y este mundo formado por paredes de colores, caras y formas geométricas me estaba intentando transmitir algo que no podía descifrar. Al final, entendí que yo mismo podía interpretar y decidir si lo que estaba viendo me podía dar miedo o hacerme morir de risa. Entonces pensé en la vida. También podemos escoger cómo interpretar y etiquetar cada situación que nos ocurre, o podemos dejar la situación que exista sin ponerle nombre alguno: bueno o malo, divertido o aterrador, beneficioso o perjudicial. Simplemente aceptar y observar desde la curiosidad.

Ahora viene una parte increíble. Hubo un momento en el que vi un árbol enorme. De repente me convertí en parte del tronco del árbol. Estaba dentro, no va en broma. Incluso abrí los ojos y me toqué las piernas. Estaban duras como roca. Era increíble. Estaba convencido de que era parte de un organismo superverde y natural. Al principio me asusté un poco.

Cuando acepté que era parte de una planta, fue una sensación inexplicable. El árbol era una entidad que no tenía comienzo ni fin. De golpe él árbol mismo me mostró como de extenso era. Podía ver su longitud infinita, conectado a todo lo que podía ver.

Me sentía como un niño explorando la inmensidad del mundo de nuevo. Incluso mi móvil me parecía un artilugio increíble. ¿Cómo podía tener una pantalla estas tonalidades de colores tan intensas y bonitas? Podía ver como los elementos de la pantalla del celular salían fuera de la misma, cómo si fuera 3D.

Recuerdo un momento en el que la experiencia se volvió bastante profunda. Le pregunté a mi acompañante si se podía tumbar conmigo un momento. Aceptó y nos cogimos de las manos. Con los ojos cerrados, pude ver el contorno de su cuerpo, pero ya no existía piel. Dentro de nuestras formas corporales había un flujo de energía azul que se transmitía de un cuerpo a otro. Esta energía también estaba formada por formas geometricas y fractales en movimiento.

El anterior fue un momento realmente potente. Me sentí incluso un poco mareado y me tumbé boca arriba de nuevo. Abrí los ojos y miré por la ventana. Podía ver caras en todos los árboles, y todos me miraban con bondad. Entonces vi también setas encima de los árboles (todo con un verde muy intenso).

A partir de aquí (después de 3 horas y 45 minutos aproximadamente) los efectos empezaron a disiparse, pero aún tenía un fuerte poder visual con los ojos cerrados. Cuando me levanté para tumbarme en la cama y descansar un poco, mi pareja había envejecido y tenia unos 75-80 años. Realmente me plantee si había perdido la cabeza. Aún así, acabé riéndome un montón. Desde la cama, también, eché un vistazo a la televisión. Le pregunté también si las personas que aparecían en ella estaban hechas por ordenador o eran reales. Me confirmó que eran reales. Yo veía personas ficticias, como en el juego de Los Sims. Lo último destacable de la experiencia fue la aparición de una rana que me transmitió mucha paz. Me hizo una señal con el dedo asegurándome de que lo había hecho genial y no tenía nada de lo que preocuparme.

Los efectos desaparecieron casi por completo al cabo de 5 horas. Aún así, tuve una sensación bastante rara durante el resto del día.

Durante algún momento llegó a ser incluso agotador, pero en general fue una experiencia muy positiva que desde luego, nunca olvidaré.

Una reflexión personal

Por un lado, no me arrepiento en absoluto de la decisión tomada. Después de dos semanas, la parte analítica de mi cerebro sigue intentando dar sentido al estímulo tan curioso (por así decirlo) e intenso de aquel entonces.

A través de la meditación, la redacción de este artículo, personas cercanas a mí y el entrenamiento estoy intentando integrar la experiencia. Muchas veces sigo viendo imágenes con los ojos cerrados que nunca antes había visto. Bien es cierto que estoy notando, en ciertos aspectos de mi cognición y pensamientos, algo distinto. No sabría explicar muy bien que es, ni si se trata de algo positivo o negativo. El aumento de creatividad y de ideas nuevas es algo que debo destacar también.

Por el otro, estoy convencido de que no se necesita ningún tipo de sustancia externa para explorar el subconsciente. De todos modos, sí creo que necesitamos un cambio a nivel individual. Un trabajo de introspección mediante la meditación, por ejemplo. Es increíble lo que se puede llegar a conseguir, sentir y visualizar sentándose un rato con las piernas cruzadas, y observando todo lo que sucede a tu alrededor. Reconectar con la parte más humana de cada uno no se consigue solo con psicodelicos. Es un proceso de redescubrimiento que requiere trabajo, voluntad y predisposición.

No me cabe duda, tampoco, de que los psicodélicos serán una herramienta clave tanto para la medicina como para personas sanas. No creo que existan herramientas «malas» o «buenas». Lo que puede tener consecuencias fatales es el uso que nosotros hacemos de ellas. Un coche puede ser muy útil y peligroso a la vez (en función del conductor). Lo mismo con la electricidad, el fuego, el agua…

¿Volvería a experimentar con psicodélicos? Ahora mismo, no. Estas experiencias no son fáciles de digerir y no me siento preparado, ahora mismo, para embarcar en otro viaje. En un futuro, probablemente.

¿He aprendido algo? En aquel momento me pareció muy obvio que no existe separación. Todos somos el mismo organismo. De esta forma, cada uno de nosotros somos «partes» o «caracteristicas» del mismo. Sentí una conexión brutal con la naturaleza (y el resto de personas) y esto me servirá para cuidarlo mas y promover una actitud respetuosa con el planeta.

Me quedaré, también, con una frase muy significativa del savio Alan Watts, refiriéndose a los psicodélicos:

«Cuando recibas el mensaje, cuelga el teléfono»

Te invito a que agarres toda la información presente en este artículo con pinzas. Esto no es ninguna conclusión o guía definitiva. Es la reflexión de un hombre de 26 años que tiene interés por la ciencia, la salud y el deporte y que valora la educación y la información de calidad por encima de todo.

Si el artículo te ha parecido interesante y lo quieres difundir, estaré mucho mas que agradecido. De no ser así, me encantaría saber tu opinión también.

Namaste.

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